¿Aún se lleva lo de ser caballero?

Conozco a muchos nostálgicos que realmente piensan eso de que «cualquier tiempo pasado fue mejor». ¿Lo fue realmente? Yo no lo sé, supongo que decimos eso porque disfrutamos de todos los avances de la actualidad y echamos de menos algunos comportamientos pasados, aunque sin sufrir la carencias de esos tiempos. La memoria es corta, sobre todo si se trata de olvidar lo malo y recordar lo bueno, así que supongo que lo suyo es no pensar demasiado en el pasado, intentando en lo posible mejorar el presente y el futuro.

Un comienzo un poco filosófico, pero que me sirve para introducir una cuestión que realmente no se estila mucho en estos días, siempre sumidos en la eterna lucha entre hombre y mujer, entre machismo y feminismo. Y es que, ¿la caballerosidad es una cosa del pasado, o realmente es una forma de comportarse que no debería nunca pasar de moda? Aquí entran muchas cuestiones en juego, casi tantas como opiniones pueden tener las personas, así que imagínate.

La palabra «caballero» tiene muchas connotaciones, pero la realidad es que en su origen, sólo eran los soldados que montaban a caballo, tan fácil como eso. Claro, no todo el mundo podía permitirse tener un caballo en los tiempos antiguos, y mucho menos tener los medios suficientes para su entrenamiento, manutención y además no tener que buscar otros recursos para vivir; vamos, que había que pertenecer a la nobleza, y a la alta si quería uno tener un nivel de vida sostenible. De ahí que, en consecuencia, los caballeros se asociaran siempre con un status de alto nivel, sólo por debajo del rey en importancia; y con el tiempo, aunque la nobleza superó el estamento de los soldados, en realidad eran los caballeros los que sostenían a estos señores feudales que, en muchas ocasiones, eran unos incultos que habían heredado título y riquezas, sin otra preparación que disfrutar de la posición de sus ancestros.

Siglos después, los caballeros se bajaron de sus animales cuadrúpedos, y comenzó la siguiente acepción de este nombre, que poco tenía que ver con su modo de transporte. Ahora se llamaba así a los de alta alcurnia social, primero a los nobles pero después a comerciantes o militares que habían hecho méritos y que, por supuesto, contaban con riquezas. Y estos fueron, por supuesto, los que marcaron las reglas de lo que después fue la «etiqueta«, para bien o para mal, y eso es lo que ha llegado hasta casi nuestros días, no mucho más atrás de apenas un siglo.

La cuestión es: ¿acaso ya no es estila ser un caballero? Bueno, hay ciertos rasgos que parecen un poco anticuados, pero que quizá no deberían pasar de moda: el sentido del honor, el ser fiel a la palabra y a los principios, el tratar a los demás con educación y modales… y por supuesto el trato hacia el sexo opuesto. Pero ¡ah! aquí empiezan a hablar algunas voces discordantes, porque en pleno siglo XXI, muchas mujeres dicen no necesitar ninguna de estas maneras de dirigirse a ellas, haciéndolas parecer poco capaces y débiles ante ciertos aspectos de la vida. Y es que, según ellas, los caballeros no son necesarios, porque ya no existen las damas, ¿piensas tú también así?